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NOTAS SOBRE LOS VIEJOS TIEMPOS DEL OBRERISMO LIBERTARIO EN GUIPÚZCOA Y VIZCAYA. Capítulo II. Miguel Íñiguez

01-12-2014

 Capítulo II

Vicente García (del que se puede leer una extensa biografía en la Enciclopedia Histórica del Anarquismo Español), nació en un aldea burgalesa, guardó bueyes desde los siete años, con doce emigró a Bilbao (1878) y con 17 años ocupó la secretaría de la recién creada Sociedad de Varios de Deusto, punto de arranque, esta vez firme, del internacionalismo libertario de tinte obrero. Puede sorprender que el artífice sea un jovenzuelo de diecisiete años, pero tampoco se debe olvidar que quien comienza a trabajar con siete años, a los diecisiete ya es un veterano. Hasta 1900 permaneció en tierras norteñas (Bilbao, San Sebastián, Haro, Sestao, Baracaldo y Navarra, de donde se le expulsó por haberse enfrentado  a un cura) y en 1909, desde fuera de España, con poco más de cuarenta años, se autodefine como viejo revolucionario. El relanzamiento del obrerismo anarquista en la década del noventa se le debe: la doble fundación de El Combate y algo más tarde de Revista Obrera y Justicia Obrera, los mítines de Bilbao y Somorrostro, la celebración de veladas en Sestao (con la otra gran figura que enhebra con la CNT, Aquilino Gómez), la persistente colaboración en los semanarios El Corsario de La Coruña (periódico muy importante para seguir el devenir del anarquismo en nuestra región), y La Anarquía de Madrid (tribuna de sus polémicas con los socialistas), la regencia de una escuela laica en Baracaldo y Sestao. En la historia del anarquismo figurará siempre como redactor del  manifiesto de La Obrera Internacional (Haro, 23-12-1899), que acarreó la fundación de la FSORE, último precedente de la CNT.

En Tierra y Libertad, a la sazón diario publicado en Madrid por Urales y Apolo, a partir del nueve de diciembre de 1903 publicó media docena de artículos bajo el título “Vizcaya en la lucha obrera”. Escribe que deseaba hace tiempo contar la historia de las “luchas que el obrero de Vizcaya ha realizado por su emancipación” y que lo hace ahora excitado por la gran última huelga. Ofrece una semblanza psicológica del obrero vasco; habla de las dos vizcayas: la fabril (Bilbao, las márgenes del Nervión y las minas) y el resto; se extiende en consideraciones sobre las guerras carlistas (a las que los autóctonos no fueron para defender los fueros sino porque “el fraile y el cura, al que obedecían sin meditar, se lo ordenaron”. Interesan las referencias que da de La Voz del Trabajador (periódico bilbaíno a fecha de hoy perdido, aunque en La Federación se transcribe algún artículo), la narración que ofrece de la trayectoria de Manuel Echevarría, director en los setenta de aquel vocero y hoy propietario de El Noticiero Bilbaíno (la publicación actual más perniciosa para el obrero), las referencias a la represión que se desencadenó con La Mano Negra (que no sólo afectó al campesinado andaluz sino que alcanzó a todos los ámbitos y territorios: se trataba de perseguir y encarcelar a todos los afiliados a la Internacional), destaca la creación del Ateneo Obrero, la militancia del hojalatero Picazu, la presencia de Santos, la llegada de Indalecio Cuadrado y Nemesio Palacios (perseguidos en Valladolid), las tensiones internas, las muy duras luchas con los socialistas Perezaguas, Carretero y Varela, la labor de Perezaguas, que más que sociedades de resistencia socialistas, creaba sociedades obreras antianarquistas, las polémicas en la prensa (los socialistas desde La Lucha Social, los libertarios desde La Anarquía), los sucesos por la muerte del panadero Juan Mondragón, etc. En su opinión salvo en Bilbao, no había organización “económica”, sólo agrupaciones socialistas. Conviene aclarar qué entiende Vicente García por “organización económica”, ya que la expresión puede entenderse de una manera errónea (ocuparse tan sólo de aumentos de salario). La “organización económica” es la que lucha sin cuartel contra el burgués y contra los políticos socialistas que viven del obrero. La lucha económica es la lucha  por la emancipación obrera, sin intromisión de los políticos que con sus pactos justifican la explotación burguesa. Hoy la llamaríamos acción directa. La regional Norte, creo, tiene una deuda con Vicente García, saldable con la publicación de una antología de sus muchos artículos, con lo que de paso se dotaría a la opinión pública de una fuente de información de primera mano que los sesudos historiadores de la historia social de esta tierra no han valorado, sea porque no han querido, sea porque ni siquiera saben de su existencia.