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NOTAS SOBRE LOS VIEJOS TIEMPOS DEL OBRERISMO LIBERTARIO EN GUIPÚZCOA Y VIZCAYA. Capítulo VI. Miguel Íñiguez

26-01-2015

 

Capítulo VI

Nos han dicho algunos compañeros que en esta historia del obrerismo anarquista estamos incluyendo un bosque de nombres. Es verdad. Lo merecen. Hay sobreabundancia de libros y folletos que aburren con el precio del bacalao, las patatas y las coles, las agotadoras jornadas de trabajo, el contexto social y el egoísmo burgués. Escriben doscientas o trescientas páginas sin apenas citar un nombre...parecen más importantes el bacalao y las patatas, el mineral de hierro y las fábricas, que las personas. Aquí damos por archisabidos los tópicos del contexto sociolaboral, repetidos hasta la saciedad en docenas de tesis y tesinas universitarias, y las sesenta o setenta páginas previas de metodología, imprescindibles para que el docto director cumpla con el expediente y lo haga cumplir al aspirante. Para eso unos cobran y los otros reciben su justificante académico. Aquí destacamos los nombres y apellidos de quienes se jugaban la vida y la libertad (y la perdían con atiborrante asiduidad). Así que sigamos con lo nuestro.

La derrota cosechada (segunda mitad de 1904) en la dura huelga metalúrgica acarreó el despido de centenares de obreros, los más combativos, los enrolados en las sociedades de resistencia. Meses más tarde la paliza sufrida por el director de La Vizcaya, atribuida por el afectado a los obreros anarquistas, complicó las cosas: arreciaron los despidos, las expulsiones y los encarcelamientos (se escogió la cárcel de Valmaseda como lugar de recogida). Hubo quien resistió: a los reconocidos Escolástico, Aquilino, Bayón (a la larga huido a Dowlais, donde residía a fines de 1906, junto a Melecio Álvarez, Manuel Gracia y otros muchos), Carrocera, y Cortejoso, hay que sumar Ventura Arguiñano, Eugenio Borregón, Restituto Díez, Jenaro Alegría, Manuel y Santos Alonso, Juan Cuesta, Matías Esturo, Ángel, Constantino, Fructuoso y Silverio García, Benigno Gómez, Pantaleón Iglesias, Salustiano Latorre, Leandro López, Nemesio y Pablo Martínez, Bautista Mayo (condenado a tres años), Fidel Merino, Antonio Miguel, Francisco Navarro, Florentino Noguero, Cecilio Ortega, Macario Puertas, Cándido, Feliciano y Manuel Rodríguez, Fernando Ramos, Ulpiana Saiz, mayoritariamente adscritos a grupos anarquistas, pero la razzia sobre Sestao, Baracaldo, Gallarta, Sopuerta y Erandio encaminada a liquidar cualquier atisbo de sociedad de resistencia satisfizo a las autoridades y así a fines de 1906 y comienzos de 1907 el corresponsal de Tierra y Libertad en Bilbao (Torre, sección Crónica Bilbaína y serie Los Atropellos de Sestao) constata que la labor de años desarrollada en la comarca de Sestao se ha ido al garete e informa de la violenta represión sufrida a lo largo de 1906 (detenciones, palizas y torturas padecidas por Inocencio Abia, Aquilino Álvarez, Esteban Tasende, Quintín Azofra, Ignacio Barrueco, Eugenio Borregón, Manuel Bouzas, Ceferino Carrocera, Julián García, Aquilino Gómez, Faustino González, José Jiménez, Salustiano Latorre (al poco trasladado a San Sebastián), Galo Maguregui, Gaspar Maguregui, José Mauriz (emigrado en Dowlais a comienzos de 1907), Melecio Pascual, Francisco Peciña, Emilio Pómez, Esteban Pérez, Ángel Pestaña, Benito y Víctor Pinedo, Sabino Rueda, José Remón, Cándido Rodríguez, Ángel Ustara y Manuel Vázquez) a cuenta de los sucesos de La Vizcaya y del empecinamiento por procesar a Aquilino Gómez como responsable de la agresión al patrón y de la huelga de inquilinos. Los años 1906 y 1907 fueron verdaderamente terribles. En los años siguientes se inicia la recuperación con el surgimiento de diversos grupos anarquistas (Adelante, Bilbao, 1908, con Teófilo Rozas y Froebel, Baracaldo, 1909, con Constantino García). De nuevo los periódicos nos dan nombres de militantes: Aurelio Arteche, Gregorio Balza, Quiterio Fernández, Timoteo García, Leoncio Pérez, Pedro Sar, Ramón Serrano....y nos hablan de dos mítines celebrados en Bilbao y Baracaldo en defensa de los presos de Alcalá en 1909 con Santos Román, Aquilino Gómez, Federico Forcada, Alberto Díez, Evaristo Fernández, Ibaceta y Rozas en la tribuna de oradores. Al iniciarse la década del diez la mala racha se supera. Es el momento en que se funda la CNT y los grupos anarquistas se federan. Pero antes de internarnos en ese periodo hay que volver los ojos al obrerismo anarquista guipuzcoano.